CategoriesSALUD

Crianza con apego.

Crianza con apego

Muchos padres creen estar haciendo algo llamado “crianza con apego”, lo que parece indicar que existe otra crianza “sin apego”. Pero no es así.

El término está inspirado en la teoría del apego, attachment theory, del psiquiatra infantil John Bowlby. La teoría del apego dice que todos los niños (salvo tal vez alguna excepción muy patológica) establecen un apego, que puede ser seguro o inseguro. La mayoría de los niños tienen un apego seguro. En una época en que estaba “prohibido” tomar a los niños en brazos, en que dejarlos llorar era la norma y en que casi nadie daba el pecho, la mayoría de los niños tenían un apego seguro. Y al contrario, en sociedades en que prácticamente todos los niños duermen con sus madres, van colgados a la espalda y toman el pecho durante dos o tres años, hay niños con apego inseguro.

El apego seguro no depende del tiempo que esté el niño en brazos, sino del caso que se le hace. Es decir, de que el cuidador responda a las necesidades del bebé con rapidez y eficacia, aceptando sus sentimientos, dándole consuelo y seguridad. Es posible llevar a un niño en brazos todo el rato pero ignorarle, o incluso si es mayorcito insistir en llevarlo en brazos cuando el niño lo que quiere es gatear. Es posible tomar en brazos a un niño que llora, pero no aceptarle ni responder a sus necesidades, sino negarlo o ridiculizarlo (“parece mentira, una niña tan grande”, “qué feo te pones cuando lloras” “no te pongas así, que no es nada”), o anteponer un supuesto sufrimiento del adulto a las necesidades del niño (“no le hagas esto a mamá”, “sé un niño bueno y no llores”, “si lloras papá se pone malo”) o responder con hostilidad (“¡ya estamos otra vez!”). El bebé y el niño pequeño necesitan unos padres tranquilos, que saben o parecen saber qué hacer en cada circunstancia. Debe saber que puede llorar cuando tenga cualquier dificultad, porque recibirá consuelo. El niño no puede sentirse seguro con unos padres que parecen inseguros, atemorizados o irritados ante su llanto (o a veces las tres cosas alternativamente). Es posible tomar a un niño en brazos y al mismo tiempo ignorarlo y rechazarlo emocionalmente.

Son los padres los que tienen que cuidar a sus hijos, y no al revés. El niño no debe tener la sensación de que “no puedo llorar, porque mamá se pone triste o se enfada”.

Por supuesto, no se trata de lo que pasó un día…, todos los padres hemos hecho al menos una cosa bien y al menos una cosa mal. Todos los padres hemos hecho cientos de cosas bien y cientos de cosas mal. El apego no depende de lo que ocurre en una o en varias ocasiones aisladas, si no de lo que ocurre la mayor parte de las veces.

El apego con la madre (o padre) se produce durante los primeros meses de vida y es importante para el resto de la vida del niño. Se trata del tipo de relación afectiva que se establece entre madre e hijo.

El pediatra Carlos González explica tres tipos de apego: el apego seguro, el apego inseguro evitante/resistente y el apego inseguro ambivalente. Depende del estilo de apego del niño, éste tendrá más o menos dificultades a la hora de afrontar situaciones que la vida le plantee.

El niño que sabe que habitualmente sus padres le aceptarán y consolarán cuando llore o tenga cualquier dificultad desarrolla un apego seguro. En presencia de la madre tiene suficiente confianza para gatear, caminar, explorar… sin perder a su madre de vista. Puede alejarse porque sabe que siempre podrá volver. Cuando se va su madre, se asusta y llora; cuando su madre vuelve, corre hacia ella y pide brazos, pero rápidamente se vuelve a tranquilizar y sigue jugando y explorando.

El niño que se ve habitualmente rechazado aprende a evitar nuevos rechazos mediante la desesperada estrategia de dejar de pedir, y así no le podrán negar. Desarrolla un apego evasivo o evitante. Puede parecer falsamente seguro o independiente, porque no pide brazos ni consuelo. Parece no importarle si sus padres están o no están, juega y explora solo sin vigilar a su madre, llora poco cuando se queda solo pero no busca a su madre, incluso la evita cuando esta vuelve.

Cuando la respuesta de los padres es inconsistente, cuando unas veces le atienden amorosamente y otras veces le rechazan o le ignoran, el niño puede recurrir a pedir atención continuamente, así al menos algunas de las veces le funcionará. Desarrolla un apego resistente o ambivalente. Se pega a la madre, exige atención constante; cuando la madre está presente, apenas se separa de ella; cuando la madre se va, llora completamente desesperado; cuando vuelve, puede pegarse a ella y tardar muchísimo en tranquilizarse, de a ratos puede rechazarla.

El apego resistente o el evasivo son estrategias que desarrolla el niño para sacar el máximo partido de una situación que no es la óptima. Pero en los casos más graves el niño es simplemente incapaz de usar una estrategia, y se produce el apego desorganizado. Muchos de estos niños han sufrido abusos y maltratos, o son hijos de padres que a su vez sufrieron abusos.

El apego inseguro puede llevar a problemas psiquiátricos en la vida adulta.

(Por supuesto, las descripciones anteriores se refieren a niños pequeños, que gatean y empiezan a andar. Es completamente normal que uno de cuatro meses no se separe nunca de usted, y es completamente normal que uno de cinco años no llore cuando se separa de usted).

 

Fuente: Carlos González, extraído del libro “Creciendo juntos de la infancia a la adolescencia con cariño y respeto.”

 

 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.